André Ricard
diseñador industrial
24-II-2004
André Ricard (Barcelona, 1929), maestro del diseño industrial y uno de los responsables del prestigio de la marca Barcelona, ha escrito un libro de memorias coherente con su estilo: directo y funcional. En él cuenta su vida y como creó tanto sus primeros como los últimos diseños. Desde una lavadora, interruptores o frascos de perfumes para Puig, Paco Rabanne o Carolina Herrera hasta la antorcha olímpica de los JJ OO del 1992. En total es autor de más de 300 objetos -muchos de ellos presentes en todas las casas-, de varios libros y también es uno de los impulsores de organizaciones como el ADI-FAD o la ONG Design for the World. Su objetivo siempre ha sido el mismo: fusionar lo estético con lo útil. Así se comprende que en 1999 la Fundació Miró llevara a cabo una exposición retrospectiva de su obra bajo el título de “André Ricard: el diseño de lo cotidiano”.
Daniel Giralt-Miracle dice de usted en el prólogo: “es la persona más práctica y menos divagadora que conozco”. ¿Está de acuerdo?
Es difícil juzgarse uno a sí mismo pero es cierto, soy muy pragmático. No es que no me gusten las ideas sino que me gusta su puesta en práctica. Por lo tanto, aquello que entiendo que es una buena idea pero no es posible, la aparto. Una de las frases que repito a menudo es que hay que saber limitar tus ambiciones a tus posibilidades, así uno después no queda defraudado.
Esto también se nota en el estilo en que está escrito el libro, muy directo y sin florituras…
No sé escribir de otra manera, uno escribe como siente o como sabe.
¿Cómo surgió la idea de escribir unas memorias?
Al llegar a una cierta edad, hace unos cinco o seis años, empecé a escribir en el ordenador datos de mi vida para no perderlos de vista, y poco a poco fui estructurando un archivo. Desde el día que nací -que por supuesto no recuerdo- hasta más o menos hoy, escribía fechas y hechos para que al menos estuvieran almacenados en una memoria electrónica. De vez en cuando releía estos archivos y les iba añadiendo cosas que recordaba o que había comentado con mi familia y poco a poco aquello, en vez de ser simplemente unos datos, fue convirtiéndose en un texto. Pensé que interesaría a mi familia o a mis amigos para recordarlo el día de mañana, y le fui dando un cuerpo de texto. Pero alguien a quien se lo hice leer dijo: “Esto puede tener interés; al fin y al cabo, es la vida de una persona, y no hay tanta gente que haya vivido estos años, complicados y con guerras”. Escribí a algunas editoriales, una de ellas contestó antes que las demás y es la que lo ha editado finalmente. Reuní textos que tenía de otras experiencias, como los Juegos Olímpicos, o escritos que había redactado para conferencias, y de todo eso ha salido este libro.
Define a su padre como un self-made man. ¿En su persona también serviría esta expresión?
Sí. Ahora hay escuelas para todo pero en aquella época no había escuelas de diseño. Como se explica en el libro, yo he participado en la formación de las escuelas pero no he tenido escuela. Por lo tanto, he tenido que hacerme a partir de la experiencia. Ahora tampoco es imposible, creo que a pesar de las escuelas, si uno tiene vocación puede construir su propia profesión… No debemos olvidar que no hace tanto tiempo aún existía el maestro artesano y los discípulos que trabajaban con él, entraban allí de aprendices y acababan siendo maestros.
En otro de sus libros ["Diseño y calidad de vida"] hay una frase que define su concepción del diseño: “Se alcanza un buen diseño cuando es imposible separar lo estético de lo funcional, cuando lo útil resulta bello y lo útil bello”.
Esto es clarísimo, a menudo cito el botón como ejemplo. El botón es una maravilla de estética y es comodísimo. Han aparecido otras cosas como el velcro, la cremallera y cincuenta mil otros sistemas de cierre, pero todos llevamos botones en alguna parte. ¿Y por qué? Pues porque funciona muy bien y además es un objeto precioso. Dado que hay muchísimos botones en casa, uno no se fija, pero si hiciéramos un botón de mármol de dos metros y lo pusiéramos en el MNAC, la gente se caería de espaldas. “¿Qué es esto?”, dirían, “¿es un símbolo azteca?” Quien dice el botón, dice también el lápiz [coge uno de encima de la mesa]. El hecho de que los buenos lápices tengan estas estrías o caras facilita que lo podamos coger mejor, evita que ruede y no se caiga,… ¿Donde está el punto de belleza y dónde el punto de función? Es difícil averiguarlo. Hay muchos otros ejemplos: la cuchara, el tenedor, el peine,… ¡El clavo es precioso! Y lo es porque funciona, no es precioso para ser precioso.
En el diseño industrial lo útil es algo objetivo, pero ¿como se valora la utilidad, la funcionalidad en el diseño gráfico?
El diseño gráfico no es lo mío, pero supongo que también se puede aplicar la frase. Por ejemplo, me han dicho que este libro es muy agradable de leer, aparte del texto, me refiero a la forma en que está editado. Alguien me dijo: “A mí me ha gustado hasta la calidad del papel”. Tiene un tacto agradable. No es cuché -que brilla y es antipático- y la letra tiene una dimensión y una claridad que ayuda la lectura. Por lo tanto, independientemente del contenido, las páginas son bellas y cómodas.
¿El libro como objeto estaría entre este tipo de objetos difíciles de mejorar? Es decir, ¿algún día serán sustituidos por una pantalla de plasma?
El libro no es el único medio de comunicación del pensamiento, evidentemente. Hay la televisión, la radio, el dvd…Pero hay que ver lo que aguanta, el libro continúa aquí. Además, creo que influye mucho más en la sociedad un libro que una película. De eso no cabe ninguna duda.
Ahora se habla mucho del “Código da Vinci”, y quizá si hubiera una película del libro pasaría sin pena ni gloria. Se ha hecho una película tan extraordinaria y apasionante como “Bailando en la oscuridad” -una película dura donde se critica la pena de muerte- y no ha pasado nada, y en cambio de este libro se habla en todas partes, unos a favor, otros en contra… El libro influye mucho, creo.
Pasa lo mismo con la fotografía. Hoy en día, con la fotografía digital, puedes almacenar miles de fotos y visualizarlas en el ordenador; pero un buen álbum, con el que poder repasar tu vida página a página… Creo que costará que desaparezca.
Durante el proceso creativo de un diseño, ¿qué aspecto va primero, la estética o la función?
Salen a la vez, no hay prioridad. En algún otro libro lo digo más claramente: la belleza es la expresión de la perfección. En la realización de un diseño uno busca eso. Cuanto más te acerques a la perfección, más bello será el objeto. Lo demuestran los ejemplos elementales del botón o el clavo que he citado. En este sentido, uno va buscando soluciones que, si son buenas, son más bellas que las malas. Cuando uno se va acercando a una solución que es mejor que otra, seguro que da como resultado un objeto más bello.
En el libro habla de creatividad pero pocas veces usa la palabra “arte” para referirse al diseño…
Coincidiendo con el lanzamiento de este libro ha salido otro publicado por Gustavo Gili en el que participo. Se llama “Arte ¿? Diseño” y en él explico precisamente mi punto de visto acerca de este tema junto a once personas más. El título de mi capítulo es “Diseño, el arte de hoy”. Debe quedar claro que cuando hablo de arte me refiero a las artes plásticas.
Por ejemplo: ¿hasta qué punto los carteles o los pósteres no son la sustitución de la pintura? Esta silla [señala una silla igual a la que está sentado] es del año 1927 y sigue siendo una maravilla de función y de estética. Es más fácil tener esto en casa que una escultura. Las obras, aunque no sean llamadas de “arte”, también transmiten un mensaje de sensibilidad, de placer, de emotividad,… No considero que el arte haya desaparecido, sino que en parte el diseño lo ha ido supliendo. Así, igual que la fotografía en cierto modo ha suplido a la pintura figurativa -Brueghel o El Bosco explicaron como eran sus pueblos y su época mediante sus pinturas-, hoy en día tenemos otros medios. La fotografía ha marginado la pintura en el sentido documental. Del mismo modo podríamos preguntarnos también si el diseño industrial y el gráfico no han suplido a la escultura y a la pintura. La gente puede emocionarse con objetos en vez de hacerlo con una escultura.
¿En qué estado está actualmente el diseño en Barcelona?
Está en una posición bastante excepcional. Ha habido un boom, unos momentos de locura pero ahora las cosas se han calmado y lo que era demasiado superficial y efímero ha desaparecido, de modo que solo ha permanecido lo sólido. Hay mucha materia sólida en Barcelona en cuanto a creatividad, tanto en las personas como en las instituciones. Las instituciones están muy sensibilizadas respecto a el diseño. En este momento se habla de un centro o un museo del diseño en el cual de alguna manera estoy implicado. En todo caso, Barcelona es una ciudad de referencia en el mundo. Vivo fuera de España parte del año y cuando se habla de Barcelona se transmite la idea de que es una ciudad bien diseñada. Hay buenos diseñadores aquí, pero la ciudad en si -la nueva ampliación y todo lo que se ha hecho desde el 1987- es ejemplar. La gente viene a ver como lo hacemos. Esto ha influido en que aquí hubiera buenas raíces de diseño desde hace muchos años.
Uno de los booms del diseño se dio durante los Juegos Olímpicos. ¿Cuál es el papel del diseño ahora que se acerca el Fórum 2004?
Yo diría que se ha notado menos. Primero porque nunca hay dos booms: siempre hay un estallido y luego el asentamiento, y ahora estamos en esta etapa de normalidad. Durante los Juegos Olímpicos el diseño intervino mucho; por ejemplo el magnífico logotipo que hizo Trias con aquellos tres trazos mironianos que definían un atleta. Aquello fue una novedad que salió en todas las revistas del mundo. Hubo la mascota de Javier Mariscal, que también fue una novedad absoluta, la antorcha que diseñé yo que rompía con todos los esquemas de antorchas que existían hasta entonces… En cambio, en el Fórum hay aquellas dos manos que, digamos, está muy bien, pero no pasa de aquí. En cambio de edificios sí hay muchos; arquitectónicamente, posiblemente el Fórum ha significado más que los Juegos Olímpicos, a pesar de lo que supuso la Villa Olímpica y toda la urbanización de aquella parte de Barcelona.
Aprovechando que habla de arquitectura: ¿no cree que se ha llegado a un exceso, que hay ciertos arquitectos que solo buscan diseños excéntricos y espectaculares?
La arquitectura, igual que el grafismo, no es lo mío; pero creo que si yo enfocara una obra arquitectónica lo haría con una mirada más pragmática. A mi me sorprende mucho que en la arquitectura actual -estoy generalizando, en Barcelona tenemos grandes arquitectos- nadie tenga en cuenta las energías pasivas. Tenemos mucho sol, para bien y para mal -en verano hay que ver lo que molesta-, y la arquitectura continúa con muros, cortinas, calefacciones, aires acondicionados… No hablo ya de jugar la carta ecológica, que es muy fácil y a veces un tanto demagógico, sino que desde un punto de vista práctico y económico, si tienes unas placas solares te ahorras un dinero, o si tienes un sistema de persianas o sombrillas,… Todo eso está estudiado. Ya Le Corbusier investigó un sistema de protección del calor, y en cambio se sigue construyendo como si todo esto no hubiera existido, cosa que me sorprende. Introducir este factor de la función dentro de la estética -como decíamos antes- también se debería aplicar en arquitectura.
Supongo que es en este sentido en el que se dirige la ONG Design for the World…
Es un poco distinto; el objetivo de Design For the World es aportar diseño a aquellos que lo necesitan y no lo pueden pagar. En arquitectura ya existe la ONG Arquitectos sin fronteras. Design for the World no es tanto aprovechar las energías pasivas. Yo me refiero a que en esta sociedad que estamos, en la que se habla de ecología y del protocolo de Kyoto, se podría ahorrar energía tanto por cuestiones de polución como económicas. ¡Evitemos aires acondicionados que crean legionelosis y gastan mucha energía! En fin, parece un poco fácil decirlo, pero nadie pone “fil a l’agulla”, yo no he visto en Barcelona un edificio en que se haya tenido en cuenta eso.
Volviendo a la pregunta anterior, quizá sí se cuida más la fachada y el hecho que llame la atención y destaque… Hay ciertas cosas que me sorprenden. No entiendo lo suficientemente de arquitectura y menos en ingeniería, pero me da la impresión que arquitectos como Calatrava se gastan mucho dinero para conseguir lo que se podría conseguir en mucho menos. Por ejemplo: la Ciudad de las Artes y las Ciencias en Valencia. Es una obra espectacular, no cabe duda: no puedes pasar sin mirarla. Pero para los metros cuadrados cubiertos que hay, ¿hacía falta toda esa especie de estructura que parece el esqueleto de un dinosaurio? Me parece que no. Se ha buscado la espectacularidad. El Guggenheim es el mismo caso. Son esculturas metidas dentro de la ciudad, si se toma así vale. Pero la casa de fulano que vive en la esquina no necesita esculturas sino ahorrar energía y no tener tanto calor en verano.
Para terminar, ¿qué consejo daría a los jóvenes estudiantes de diseño de hoy en día?
Los consejos son difíciles en cualquier ámbito. Mi primer libro se llamaba “Diseño, ¿por qué?”. Lo escribí hace 22 años, en el 1982. Hacía 20 años que estaba metido en esta profesión y me planteé la pregunta: ¿para qué demonios sirve el diseño? Una de las conclusiones principales es que creo que hay que tener cierta ideología. No es posible diseñar por diseñar. Uno tiene que saber lo que persigue.
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