Guim Costa

 

arquitecto

 

 

26-IV-2004

Barcelona 1992-2004 (ed. Gustavo Gili) recoge medio centenar de actuaciones arquitectónicas y urbanísticas realizadas en la ciudad durante este período: la torre de Collserola, el CCCB, la plaza dels Àngels, la rambla del Raval y la del Mar, la biblioteca de Gràcia o de la UPF, la remodelación del mercat de la Boqueria o el de Santa Caterina pasando por el polémico Plan 22@ o el Fórum 2004 sin olvidar discretas viviendas de promoción pública… La selección y los comentarios son de Guim Costa (Barcelona, 1967), arquitecto del despacho Costaserra.

Las fotografías son de la también arquitecta Eva Serrats y, las dos introducciones, que no tienen desperdicio, del crítico de arquitectura William J.R. Curtis y del catedrático de la UPC Josep Maria Montaner.

 

¿Cuál ha sido el criterio para seleccionar los edificios presentados en el libro?
Barcelona es una gran ciudad con mucha representación arquitectónica, cada año se construye una gran variedad de edificios de estilos y arquitectos muy diferentes. Cuando recibí el encargo tuve que reflexionar sobre cómo valorar qué es un buen edificio en Barcelona. Me marqué tres criterios a tener en cuenta: la aportación de la obra a la apertura de la ciudad al mar, su incorporación en el tejido urbano concreto y, finalmente, cierto compromiso social en su planeamiento. Considero que la apertura hacia el mar -fenómeno que se ha llevado a cabo en los últimos 20 años, más o menos- es un proyecto acertado de la ciudad como concepto, por eso estudié qué edificios se relacionaban bien con el mar. Además, cuando se construye un edificio, aprecio que provoque cambios positivos en su entorno, que no tenga una actitud de atonía; he valorado que los edificios hubieran creado una dinámica que jugase en beneficio del entorno, que lo regeneraran y multiplicaran su presencia, ya fueran edificios o espacios urbanos.

 

 

¿La plaça dels Àngels sería un ejemplo de esto?
Sí, también el CCCB o la biblioteca de Gràcia; son edificios que por el solo hecho de estar implantados en un lugar determinado han provocado que el tejido y la ciudad en general salieran beneficiados.

 

 

¿A qué se refiere cuando afirma que valora el compromiso social en un edificio?

Aprecio la arquitectura con cierto grado de implicación, que los arquitectos, además de cumplir el programa funcional, tengan cierto grado de compromiso, ya sea social, de experimentación arquitectónica o tecnológica.

 

 

¿Cuál sería un buen ejemplo de lo último?
La Torre de Foster o el aeropuerto…

 

 

¿Se podría definir de algún modo general la arquitectura de la ciudad?
Barcelona ha sido una ciudad que a lo largo de la historia de los últimos dos siglos ha crecido a base de grandes eventos. Desde las Exposiciones Universales en 1888 y 1929, pasando por el Congreso Eucarístico del año 1956 hasta llegar finalmente a los Juegos Olímpicos y ahora el Fórum 2004. De este modo, la ciudad ha ido formándose de manera sincopada pero sobre la base inicial del ensanche de Cerdà de 1860. El Plan Cerdà, con la unión de los diferentes municipios que existían antes, significó la consolidación de la ciudad contemporánea. Cada uno de los acontecimientos citados ha supuesto un gran avance para el urbanismo de la ciudad.

 

 

¿Qué ha ocurrido del 1992 al 2004?

Ha sido un período postolímpico en el cual las inversiones públicas han disminuido. La administración se ha esforzado en hacer buena arquitectura pero con menos capacidad de inversión. Ha habido una aportación muy clara del sector privado, no siempre con éxito. Esto explica que gran parte de las obras de la selección del libro sean de promoción pública y que escaseen las privadas. Concretamente, la última gran obra de promoción privada que se ha hecho, Diagonal Mar, ha sido un proyecto urbanístico dirigido por un interés privado y muy poco controlado por la administración barcelonesa. Esto ha provocado que se implantara por primera vez en la ciudad un modelo inédito: un gran parque rodeado de rascacielos. Creo que se ha roto con una tradición de coherencia en la evolución del urbanismo de Barcelona. Es un proyecto con el que estoy muy en desacuerdo. Si te fijas, cuando bajas por la Rabassada y ves el skyline de Barcelona con las dos Torres olímpicas -que se han consolidado y ya forman parte de nuestro paisaje doméstico-, giras la vista hacia la izquierda y ves un montón de rascacielos que son fruto de un aprovechamiento del suelo muy diferente al habitual, con unas alturas muy diferentes y un modo de actuar muy distinto al que estábamos acostumbrados.

 

 

Además rompe con una parte de tu yo arquitectónico que cita en la “Nota del editor”: “sentido común frente a la estridencia singular”…
Sí, pero tampoco estoy en contra de las torres altas, no me parecen mal si están pensadas y bien encajadas a partir de un modelo de ciudad global. Si es fruto de una reflexión, todo puede ser incorporado. Aquí el problema ha sido que se han vendido unos terrenos concretos a un promotor concreto y que este, debido a su convenio, ha podido hacer lo que ha hecho. Estoy a favor de lo singular, pero no debe ser estridente. Las dos Torres de la Vila Olímpica, sobre un plan general -no solo desde la Vila Olímpica sino desde toda ciudad-, poco a poco se han consolidado y se ha visto que fueron un acierto. Lo que es más criticable es el hecho gratuito de apostar por las torres altas y estar satisfecho con tener un promotor que lo pueda pagar.

 

 

También se acaba con la tradición de horizontalidad que había mantenido hasta ahora la ciudad…
El Plan Cerdà ha ayudado a que Barcelona fuera una ciudad bastante horizontal. Barcelona es una de las más densas del mundo por lo que implica a habitantes por kilómetro cuadrado. Barcelona tiene 90 kilómetros cuadrados enmarcados por el Besòs y el Llobregat, la montaña y el mar. Esto ha provocado un modelo de crecimiento en una extensión limitada sobre la trama Cerdà, que ya estaba pensada en una altura baja pero muy densa.

 

 

En muchas ciudades del mundo han aparecido edificios espectaculares de arquitectos famosos que son el emblema de una multinacional… ¿ésta ha sido la manera en que la arquitectura ha entrado en la globalización?¿En Barcelona también ha ocurrido?
Barcelona es un ciudad que goza de gran prestigio entre los arquitectos de todo el mundo; muchos de ellos ambicionan poder construir un edificio aquí. Entonces, el interés de la administración por entrar en este mundo global ha coincidido con el deseo de muchos arquitectos por trabajar aquí. La forma de entrar en esta globalización de la arquitectura han sido los convenios del ayuntamiento para favorecer edificios emblemáticos y bien visibles en la ciudad. El ejemplo más ilustrativo de esto es el fragmento de la Diagonal que va des de la Plaça de les Glòries hasta el mar. El arquitecto jefe dijo abiertamente que se buscaban multinacionales que quisieran construir torres, porque se quería una secuencia controlada de torres altas en esta parte final de la Diagonal. Esta es la razón de los edificios de Jean Nouvel, Dominique Perrault, Óscar Tusquets… aparte de los de Diagonal Mar, que para mí tienen menos interés arquitectónico.

 

 

Entonces, ¿el ayuntamiento ha perdido poder?
No, en este caso ha habido una voluntad fruto de una reflexión. La incorporación de un edificio alto cada tres manzanas tiene un motivo: necesitaban pautar la Diagonal Nueva porque sino parecería eterna. ¿Cómo podían conseguir eso si no disponían de dinero? Pues firmaron acuerdos con multinacionales que querían establecerse en Barcelona y les dieron la oportunidad de repartirse el techo edificable en vertical, que ya permitía el plan general metropolitano del año 1975. Esto lo encuentro, desde un punto de vista de maqueta, pensado -al menos en oposición a lo que se hizo en Diagonal Mar-. Además, se han conseguido unos puntos singulares y atractivos: la torre Agbar y los hoteles de Perrault o Tusquets. Me parecen una buena idea, dejando a parte su configuración física final. En fin, esta ha sido la forma de Barcelona de entrar en los círculos globales de la arquitectura.

 

 

En oposición a estos inmensos edificios, es sorprendente el pabellón Mies van der Rohe, del 1929. Al fin y al cabo se trata de cuatro paredes, pero continúa despertando la admiración de mucha gente…
Precisamente, en 2004 se cumplen 75 años de su construcción, aunque luego lo desmontaron y lo volvieron a montar. Es realmente digno de admiración que en 1929, cuando se construían edificios neoclásicos, hubiera un arquitecto con la osadía y el acierto de idear esa joya cúbica y, en cierta manera, neoplástica. Más que un edificio es una escultura arquitectónica. El juego de planos, el agua, la cubierta que te lleva hacia una fuga que es la estatua… es un divertimento arquitectónico.

 

 

Volviendo al Fórum, en la presentación del libro, Josep Maria Montaner destacó el Centro de Convenciones por encima del edificio Fórum. ¿Qué opina usted?
Los vi hace tiempo, pero yo diría que el edificio de Convenciones es muy correcto -sobretodo la parte del polivalente-; cumple con los requisitos que se le pidieron en el programa con cierto grado de apuesta por la arquitectura contemporánea. En cambio, el edificio Fórum es como un caracol. Tiene la carne del caracol: un auditorio con una estructura que favorece la acústica y el multiuso del espacio; pero luego se ha envuelto con un triángulo, que es la cáscara, un espacio de encuentro, de relación. Podía haber sido cuadrado o redondo… o sea, es un buen auditorio con un vestido de fiesta. Hay quien dice que los acabados no son de la calidad esperada, aunque yo no lo puedo certificar porque no los he visto…

 

 

Respecto de los equipamientos culturales, en la introducción de William J. R. Curtis aparece esta cita de Lewis Mumford: “la principal función de la ciudad es convertir el poder en forma, la energía en cultura, la materia muerta en símbolos vivos del arte, y la reproducción biológica en creatividad”. ¿Está de acuerdo con la frase?¿Cómo la interpreta?
Es una frase muy compleja que aglutina los abundantes usos de una ciudad. Viene a decir que la ciudad, desde que se creó con la polis de los griegos, es el lugar de encuentro de los seres humanos y donde se vehicula su energía, donde se reúnen y se crean unos flujos y unas energías que permiten el progreso de la sociedad y de la cultura. En todo este proceso tiene una importancia caudal, como ya la tenían los patricios en la época de la polis griega, quienes gobiernan la ciudad y la administración que la gestiona.

 

 

En este sentido parece que un buen arquitecto tiene que ser multidisciplinar, ser a la vez un poco sociólogo, economista, diseñador, casi un filósofo de la res publica, ¿no?.
El papel del arquitecto en la ciudad es clave. Existen arquitectos con direcciones profesionales diferentes, desde el arquitecto urbanista que solo se dedica a la gestión y al diseño urbanístico a gran escala, hasta el que diseña sillas para discotecas. En el mundo de la arquitectura existe un abanico muy amplio. Pero, en todo caso, el arquitecto es quien modela las formas de la ciudad por encargo de la administración, por lo que tiene un gran papel sobre la evolución de la ciudad, a veces incluso demasiado grande. Esto impresiona porque realmente te hace dar cuenta de que, por una parte, la arquitectura es arte, y, por la otra, técnica, una mezcla bastante explosiva. Si un artista crea una obra que no gusta a nadie se puede esconder en un despacho y que nadie la vea. Pero las obras de los arquitectos y de los urbanistas se traducen en una forma urbana y en una imagen ciudadana muy presente, por eso tenemos un gran compromiso y responsabilidad con la sociedad.

 

 

Buena parte de la selección del libro son viviendas de promoción pública…

He escogido bastantes ejemplos de esta arquitectura porque es de admirar, valoro la capacidad de mis colegas de llevar a cabo una arquitectura con compromiso social, unos niveles presupuestarios muy bajos y una voluntad de dignificar la vivienda en ciertos sectores sociales desfavorecidos. Conozco el caso concreto de las viviendas de la calle d’en Roig, de Llinàs, porque trabajé con este arquitecto y seguí un poco todo el proceso. Hubo un trabajo de convencer a la administración, porque las regulaciones urbanísticas eran unas, y él, por convicción, luchó para cambiarlas y romper un poco el ritmo impuesto por el ayuntamiento. A veces los urbanistas piensan en un ámbito global y no en una esquina concreta. Entonces, a base de planos especiales y de reformas urbanas consiguió implantar el edificio resultante. Así, por ejemplo, consiguió ventilar mejor los edificios, romper la homogeneidad de la calle y permitir la entrada del sol a lugares donde antes no entraba. Quienes ahora viven ahí les tocó por sorteo o por orden de lista y, en fin, son unos pisos fantásticos donde vivir.

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