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Maria Favà

 

periodista

 

 

16-X-2003

Maria Favà, periodista del periódico Avui, ha plasmado en “Petits paisatges de Barcelona” su amor hacia su ciudad. Aquí fue donde nació en 1949 y donde ha trabajado para TeleXprés, Diari de Barcelona, TV3, la SER y varias revistas. “Petits paisatges de Barcelona” es un compendio documentado de 84 rincones, objetos y edificios peculiares de la ciudad. Se pueden descubrir pequeñas joyas escondidas como la bomba del carrer de Sócrates incrustada en la fachada del número 2 de esa calle; un recuerdo de la bomba que cayó ahí en 1842 y que los albañiles que reconstruyeron el edificio pusieron por encima del primer piso. El libro, encargado por el Institut Municipal del Paisatge Urbà i la Qualitat de Vida, ha sido coeditados por la editorial El Pòrtic y el Ayuntamiento de Barcelona. Pero no se trata de unas obras de “publicidad institucional”, ese eufemismo tan de moda en estos días preelectorales. Maria Favà ha conseguido limpiar el olor aséptico que a menudo desprenden las publicaciones municipales para dejar su huella y personalidad al tiempo que presenta de un modo ameno una cantidad ingente de información útil. Para conocer Barcelona en toda su complejidad, nada mejor que estos 84 “pequeños paisajes”.

 

La elaboración de “Petits paisatges” tiene una larga historia detrás. ¿Puede explicarla un poco?

Empezó en 1997 con una encuesta ciudadana en colaboración con El Periódico y con otras instituciones; se pusieron unos buzones en la ciudad para que la gente hiciera sugerencias. Pero no tuvo mucho éxito, quizá en otro momento hubieran habido más propuestas. A mí me dieron un listado de 100 y pico, pero yo eliminé muchas porque, por ejemplo, documentar el muñeco de cera de la “Monyos” que a veces ponen en La Rambla para hacer publicidad del Museu de Cera me parece… vamos, que se debería coger el muñeco y tirarlo al mar [ríe]. Yo hice una primera selección y luego desde el ayuntamiento hicieron otra; estuvimos muy de acuerdo en este punto.

 

 

La cantidad de información que da de cada uno de estos “paisajes” es asombrosa. ¿De dónde la ha sacado?

Bueno, hace muchos años que me dedico a la información sobre Barcelona. Por lo que respecta a las tiendas de “Guapos per sempre”, es información mía. He ido a hablar con el propietario actual, la “tieta”, el abuelo,… A veces he ido tres veces a la misma tienda para poder hablar con el abuelo, que ya está jubilado desde hace veinte años pero que le ha hecho mucha ilusión conocerme y hablar y explicarme “batalletas”. Eso para mí es muy divertido. Pero con el semáforo de la calle Urgell es muy difícil hablar, sobretodo cuando los archivos del ayuntamiento funcionan tan mal. En este caso y en el de otros objetos he tenido que fiarme de nuestro archivo, del de La Vanguardia o del mío más que de lo que se puede encontrar afuera. En concreto, el semáforo de la calle Urgell o las rosetas de los tranvías me llevaron un montón de trabajo y al final hay cosas que las he deducido o que son aproximadas a la realidad.

 

 

¿Estaría de acuerdo con que “Petits paisatges” es un inventario de los detalles de la ciudad?

Sí, me gusta esta definición. Se trata de las cosas cuotidianas que tenemos más cerca. Yo tengo una sensibilidad especial hacia estas cosas, las cosas pequeñas.

 

 

Una lección implícita que da mediante el libro es que una ciudad, a parte de estar formada por grandes infraestructuras como el Fòrum 2004 o las rondas, está hecha sobretodo de pequeños detalles…
Hace unos días estuve hablando con un madrileño que ha estado viviendo 40 años en Estados Unidos y no comprendía este libro ni el “Guapos per sempre”. Él, a pesar de ser una persona progresista y de izquierdas, está a favor de las grandes superficies y de todo aquello americano. Y a mí, aunque el libro sea un encargo, me gusta el pequeño comercio y toda la sociedad que hay detrás de él, y esto es lo que he transmitido. Cuando voy a una gran superficie y estoy un rato ahí, termino mareada. Y en cambio el pequeño comercio para mí representa proximidad, trato, buen servicio, consejo,… Cuando vas a una gran superficie y buscas unas sandalias determinadas no las encuentras, allí tienes que ser un autodidacto.

 

 

El propietario de Queviures Murria asegura que su comercio y los de su clase deben apostar por la “superespecialitzación y la calidad”.

Estoy totalmente de acuerdo: cuando vas a un colmado como el Múrria y aquel día tienes una fiesta familiar y quieres obsequiar especialmente a la familia o a los amigos, él te atenderá y te dirá la mejor forma de cortar el queso, el salmón o de presentar el jamón. Esto en una gran superficie es imposible. La gente que trabaja ahí lo hace porque tiene que trabajar en algún lugar, pero tanto pueden estar en la sección de zapatos como en la de embutidos. En el comercio en general se está perdiendo el consejo del profesional.

 

 

¿El pequeño comercio se encuentra en fase terminal?
No, yo creo que lo correcto es el equilibrio. Cuando tengo que ir a comprar botellas, lejía, leche y este tipo de cosas, voy con el coche a un súper que tenga parking. Pero cuando vienen unos amigos a comer a mi casa, voy a buscar una pasta buena para hacer los canelones, la carne a mi carnicería, a recoger els “cama-secs”,…

 

 

Pero el libro desprende cierto olor, aunque no pesimista, sí nostálgico…
Lamento la desaparición de algunas tiendas que ya no podremos ver, pero por ejemplo el Múrria, la Farmacia de la calle Valencia con Rambla Catalunya,…son gente que han hecho un esfuerzo para conservar el valor del edificio y de la decoración interior, así como lo que vende, esto tiene futuro. Vamos, es el futuro que me gustraría a mí.

Pero por otra parte lamento que la camisería que había delante del Liceu cerrara en septiembre pasado y que hayan unos pakistaníes que, dado que les han dado licencia, han abierto y han puesto camisetas del Barça y sombreros mexicanos, y han destrozado las estanterías y el techo. Esto es lamentable, porque aquella tienda era el ejemplo de modernismo vienés más exquisito que había en la ciudad. Pero la culpa no la tienen los pakistaníes, sino las ordenanzas municipales que permiten estas cosas. En las ciudades italianas esto no sucede. Aunque hay un Plan d’Usos de La Rambla, no se aplica. Entonces pasan cosas como lo de la Carnicería Bonet; yo te recomiendo que si pasas por delante de el Liceu la mires, todavía está ahí, pero dentro está derruida. Todas estas tiendas no se tendrían que tocar. Se pueden convertir en lo que quieras, pero se debe respetar la estructura anterior, porque esto es lo que nos hace diferentes.

 

 

¿Con cuál de los comercios del libro se queda?
La cerería Subirá.

 

 

¿Y de los pequeños paisajes?
Los submarinos que hay en la ciudad, los tres. En la playa del Poble Nou hay los restos de un submarino que para mí son muy evocadores.

 

 

¿Su calle de Barcelona favorita?
El Passeig del Born.

 

 

¿Y el barrio que más le gusta?
El Poble Nou.

 

 

¿Cuál considera que es la principal calidad de Barcelona?
Que somos amables. Hoy una pobre extranjera con un cochecito intentaba subir a un autobús y dos personas han ido enseguida a ayudarla. Y he pensado: “Ostres, que és maco!”.

 

 

¿Y, para terminar, el principal defecto?
Que vamos demasiado deprisa.

 

 

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