Mayte Martín cantaora

 

 

14-IV-2004

Mayte Martín (Barcelona, 1962) es una de las representantes más reconocidas del flamenco catalán y una de las mejores voces femeninas de toda su generación -si no la mejor-. En 1996 recibió el Premi Ciutat de Barcelona y en 2001 fue nominada a los Premios Grammy Latinos por el álbum “Querencia”. Sus discos de flamenco se alternan con los de bolero; el último, “Tiempo de amar”, incluye doce temas que van desde el bolero clásico a la balada con ciertos toques de jazz, y en él han colaborado músicos como Edward Simon, José Reinoso y Nelsa Baró. El 15 y 22 de abril cantará en La Paloma, en el Poble Sec, su barrio.

 

 

¿Cuál será el repertorio de los dos conciertos de La Paloma, los temas de “Tiempo de amar”?
Pues sí, todos los títulos de “Tiempo de amar” más cuatro temas inéditos que no tengo editados en ningún disco.

 

 

¿Esta alternancia entre el bolero y el flamenco a lo largo de tu carrera es algo premeditado o simplemente lo que te apetece?
Es lo que me apetece y lo que me gusta. La gente cree que es algo que procede de mi encuentro con Tete Montoliu pero no es así, es al revés, mi encuentro con Tete Montoliu vino por esta dualidad mía. Prácticamente desde que empecé a cantar intercalo las dos historias. Digo “prácticamente” porque el flamenco fue anterior, pero a los dieciséis o diecisiete años ya empecé a cantar boleros.

 

 

Aprovechando que hablas de Tete Montoliu, en este disco también colaboran músicos de jazz…
Simplemente son pianistas que me gusta como tocan. Conocía su trabajo y decidí hacer el disco con ellos. Este álbum tiene ramalazos jazzísticos, pero también conserva parte de la raíz del bolero, es algo premeditado por mi parte, conserva mucho un aire “machinero”. Hay unos temas que se van para el jazz porque los dejamos ir por ahí, pero hay otros que suenan a boleros muy clásicos. Estos músicos son muy abiertos, gente que toca jazz pero también otras cosas. En el disco hay una mezcla de todo.

 

 

Tus temas de flamenco y los boleros tienen en común el tema del amor en las letras…
Si algo tienen en común es eso: son dos músicas que despiertan mucha pasión y emoción. Pero, por lo demás, no tienen nada que ver. Para mí el bolero es la música romántica por excelencia, y, en cambio, el flamenco no lo es tanto. Es la dualidad de la que hablaba antes, las sensaciones que me da el flamenco no son las mismas que las que me da el bolero, me aportan algo muy diferente. Esta es la razón por la que llevo adelante las dos “historias”, cada una me da cosas diferentes.

 

 

Este disco es el segundo que grabas con el sello Virgin. ¿Has ganado en libertad desde que grabas en una discográfica tan gigante?
La verdad es que no sabes nunca cuando aciertas; firmar con una discográfica siempre puede ser un error. Si no eres un artista rentable -un David Bisbal o un Alejandro Sanz-, siempre estás en sus manos. Afortunadamente todo esto empieza a cambiar, hay cosas, como nuevos métodos para editar, que ayudan a que seas dueño de tus discos y no tengas que dejar tu obra en manos de nadie. A fin de cuentas, lo que hacen las discográficas es apropiarse de las obras de los artistas y maltratarla. Yo no he conocido una sola discográfica que fuera honesta con los artistas. Creo que hay un grave problema, pero no es la piratería, sino las discográficas. A mí, por lo menos, me han hecho mucho más daño las discográficas que la piratería.

 

 

La reciente muerte de Juanito Valderrama -a quien habías reivindicado como uno de tus maestros- ha reabierto la clásica polémica de los partidarios de la “pureza” en el flamenco…
Yo confío en que la gente sea cada vez más abierta y que, al final, sólo le importe cómo están hechas las cosas, con qué calidad, qué criterios,… en fin, si las cosas son buenas o malas sin importar si es flamenco, bolero, canción aflamencada… lo que sea. Incluso la fusión tiene su espacio de respeto en la música, si está bien hecha. En todas las músicas hay cosas que son válidas y cosas que no aportan nada. Valderrama fue un hombre que hizo mucho por el flamenco. Creo que es el único cantaor que tiene grabados todos los cantes, todos los estilos. Era un sabio del flamenco, un hombre que ha sido tratado injustamente debido a ciertos prejuicios, por ejemplo, por haber hecho “El emigrante”, “La comunión”… cosas que se salían del flamenco estricto. Pero el hecho de que estés capacitado para hacer otras cosas no te hace menos cantaor.

 

 

Hace unos años aseguraste: “donde más se respeta el flamenco es en Cataluña”. ¿Aún te identificas con esta frase?
Es cierto y lo sigo creyendo. En este sentido, cuanto más al sur te vas, más cerrada es la gente. Creo que desde siempre Cataluña ha sabido disfrutar de las cosas sin más -supongo que porque nunca nos las hemos dado de entendidos en flamenco-. Te vas a Sevilla y parece que te tengan que dar el visto bueno; aquí en Cataluña se disfruta de las cosas sin prejuicios, con mucha más naturalidad.

 

 

Un defecto de Barcelona respecto a Madrid quizá sea que no hay demasiados lugares donde poder cantar, ¿no?
Cierto, aquí no hay un circuito estable para poder hacer música, no sólo flamenco. En Madrid la gente tiene más costumbre de salir, más cultura de teatro y de clubs, por decirlo de un modo, más vida nocturna. Pero yo jamás cambiaría Barcelona por Madrid.

 

 

Por cierto, ¿cómo ves el Fórum de las Culturas? ¿Con ilusión, como algo lejano…?

Estoy un poco al margen de cual es la línea que se va a seguir… no sé porqué, pero siempre desconfío un poco de estos eventos, de los criterios que se siguen para organizarlos. Ojalá todo lo que se mueva ahí sea cultura real, pero la verdad es que no confío demasiado en que sea así

 

 

¿Hay indicios de normalización del flamenco en Cataluña?
Creo que sí; cuando yo empecé todo estaba jodido, en cambio ahora el flamenco tiene su público, y, por ejemplo, es muy normal que haya festivales de flamenco. Si no hay mucho flamenco es porque tampoco hay demasiada música en general.

 

 

Perteneces a una generación que se formó escuchando discos, ahora parece que, poco a poco, el flamenco empieza a entrar en ámbitos académicos como es el caso de la Escola Superior de Música (ESMUC) y del Conservatori del Liceu. Pero, curiosamente, la primera estudiante del primer curso de este centro fue una chica… ¡francesa!
No falla (ríe). Cuanto más lejos vas de las fronteras naturales del flamenco, más interés hay por él. Se podría explicar mediante el refrán “casa de herrero, cuchillo de palo”. Es algo con lo que yo siempre me he encontrado. En el extranjero la gente es mucho más respetuosa y muestra más interés no solo por el flamenco, sino por la música en general.

 

 

¿El “duende” es algo que se puede enseñar, que aparece mezclado con la técnica o algo con que se nace? ¿Qué demonios es el famoso “duende”?
Mira, el duende es un bicho pequeñito con las orejas de punta que corre mucho y no sabes donde está [ríe]. Ahora en serio; creo que el duende es la capacidad de transmisión que tiene un artista, y eso existe en flamenco y en todas las músicas y artes. Es lo que hace que alguien que no tenga ni idea de flamenco y que escuche un disco mío o de quien sea se le pongan los pelos de punta, esto es el duende. Puedes saber mucho de flamenco y ser un gran cantante o intérprete, pero puedes no tener esa capacidad de transmisión, lo que hace verdaderamente a un artista. Creo que el duende es esto, y por supuesto que no se aprende. Es algo innato que forma parte de la personalidad de cada uno. Es un don.

[Tornar a l'índex]